La idea central que impulsó y originó la gran red de redes Internet fue
facilitar el intercambio de información de tipo militar. Con el paso del
tiempo, la red pasó a convertirse en un instrumento de uso público. Los
primeros en vislumbrar su gran potencial fueron los centros de investigación,
universidades y grandes empresas.
En el presente, cualquier persona con un mínimo conocimiento del sistema,
puede utilizar la red para conseguir información, divertirse o realizar
negocios.
También el mundo de la medicina se ha integrado, con éxito, en este nuevo
espacio. Hasta el momento, esta integración en el sistema ha sido debida
a una necesidad creciente de conseguir datos sobre la infinidad de
experiencias científico-médicas que se realizan en el mundo.
También la farmacopea encuentra en Internet su tierra prometida al
convertirse este medio en un gran banco de datos sobre casi todos los
productos y novedades que un médico pueda imaginarse. Podemos afirmar que
esta es, sin duda, la primera revolución médica en Internet.
La segunda revolución médica vendrá dada con la ayuda de la alta tecnología
aplicada a Internet. La idea es conseguir que dos, tres, cuatro, cinco, o
un número indefinido de hospitales del mundo queden tan estrechamente
entrelazados que, desde el punto de vista práctico, puedan considerarse
como un único y gran centro hospitalario.
En la actualidad, un hospital puede, si se encuentra conectado a
Internet, obtener información de otro hospital o banco de datos.
Podemos afirmar entonces que, en el presente, estos centros sanitarios se
encuentran entrelazados en el sentido del conocimiento adquirido, el cual, se
convierte en la moneda de cambio del medio. Sin embargo, desde el punto
de vista sensorial, el intercambio de información es, en líneas generales,
muy pobre.
Vamos a aclarar la cuestión. Es cierto que en un momento determinado,
un médico puede necesitar intercambiar su experiencia o información con
otro colega. Incluso puede intentar trasladar ese conocimiento a un
estudiante de medicina. Este intercabio de información podrá realizarse
con facilidad a través del correo electrónico o la web pero siempre se
encontrará canalizado hacia el intercambio de información sobre el experimento
o actuación clínica, porque el experimento, en sí mismo, estará ausente.
Es decir, no es lo mismo adquirir un determinado conocimiento sobre un experimento
hablando sobre el tema que realizar el experimento e ir aprendiendo sobre la marcha.
Entonces, supongamos que lo que necesitamos es realizar una observación o
diagnóstico a través de Internet o, dicho de otro modo: en un momento
determinado un médico puede tener la necesidad de observar un suceso clínico,
tal como una operación, a una distancia de miles de Km.
En estas circunstancias, donde la transmisión de información ha de ser
la máxima posible, dejaremos a un lado el simple monitor de ordenador
para utilizar un casco sensorial como puerta de entrada a un nueva
percepción de la realidad. También será posible utilizar el monitor, pero
siempre visionando una imagen estereoscópica de elevada definición con la
ayuda de las gafas de conmutación.
El casco sensorial o las elegantes y cómodas gafas de conmutación están, pues,
destinadas a convertirse en otra de las herramientas imprescindibles para el
médico actual y futuro.
La tecnología ya existe, sólo es cuestión de
aventurarse en ella.